dimanche, avril 20, 2014

A veces me pongo tonta

Un día de 2006, yo tenía que preparar mi primera conferencia de prensa. La primera en mi cargo, la primera que se hacía mucho tiempo en ese lugar, y la primera que yo hacía en mi vida.

Todo tenía que salir ultra perfecto. Obvio. Me tenía que súper lucir. Había hecho todo bien. Había hecho las pautas, las minutas, la convocatoria por mail. Había confirmado por correo y por teléfono, había organizado un cóctel rico. O sea, toda la pre-producción estaba lista y lo hice así, a lo matea. (Como siempre).

Quedaba una parte, el contenido. ¿Qué iba a decirle mi jefe a los medios? En eso teníamos que coordinarnos. Llegamos a que él diría unas cosas y otras las diría yo. Él me quería dar tribuna para que la gente me conociera. Había que preparar eso. N pega.

La hicimos. Mi parte, era mi parte más en gran medida organizar la de mi jefe. So, yo me demoraba más que él.

Era la víspera del gran evento. Sería un martes. Pero no fue cualquier martes… Fue el martes 12 de diciembre de 2006, día que llevarían los restos de Pinochet a Valparaíso. Donde era mi evento. ¿Llegarían los periodistas? Yo dependía de eso para validar mi gestión…

Estaba TAN nerviosa. Mi tema, no era tema frente al desfiladero de la escuela militar. (Esto lo conté con más detalles en su minuto, here).

Me acuerdo que era tarde. Noche. Yo hacía las últimas PPT y mi jefe fue a mi oficina. No sé a qué, a ayudarme seguramente, pero… Lo que pasó es que me empecé a poner torpe. Guardaba cosas que no en el pc, no guardaba cosas que sí, tenía que reiniciar, me olvidaba. Mal.

Y era heavy, porque yo le quería mostrar TODO lo que había trabajado. Lo bien que debería salir todo, pese al contexto adverso. En otras palabras quería, cual pavo real en cortejo, mostrarle mis plumas. Pero me salía el tiro por la culata. Mientras más quería yo aparecer como inteligente y linda, más ridícula sentía que me veía.

En esa ocasión, él finalmente percibió mi estado, y me dejó sola. Respiré, claro. Pero también perdí la oportunidad de mostrarle cómo trabajaba. Y él no iba casi a mi oficina, tuve la posibilidad, pero no me supe lucir.

Siento que algo así, además, debe haberme pasado más de una vez con algún él. Pero no me acuerdo de ninguna en particular ahora.

Pero, por ejemplo, es como cuando vas a un lugar X porque sabes que ahí, ese día, a esa hora, va a estar Él. Ese ÉL. Con quién no es tan fácil coincidir, menos casualmente como en esa ocasión (es decir, es justo el momento en que irías con o sin él, por ende no se nota nada que vas porque él estará. Ergo, es justo lo contrario de lo que hizo Gigi, la protagonista de “Simplemente no te quiere” cuando va al bar a buscar al tipo y conoce al barman… En este caso, es el minuto feliz).

Y, obvio, quieres que él te vea, y que no te deje de ver más…Y entonces vas bien arregladita con estrategia, con todo. Producida. Preparada. Y ley de Murphy ataca.

Resulta que te tropiezas con los tacos que usas tarde mal y nunca, que se te corre el rimel porque como te maquillas poco, te olvidaste y te tocaste el ojo. Se te cae el trago encima o peor se te pasa la mano.… O sea, pastel. Es decir, Bridget Jones, alpargata a tu lado.

Y claro, en las películas, resulta que igual la chica termina siendo el objeto de deseo de dos galanes, uno mujeriego y el otro maravilloso, con quien se casa. Happy End. Muy rico buena onda en el cine, pero ficción.

En la realidad, lo más probable es que te escondas cada vez que veas al tipo. Y que mister cuente varias veces lo ocurrido, precedido con “Y eso no es nada… y entonces la mina….” Ante lo cual su audiencia diría “¡¡¡¡¡¡ NOOOOOOOOOOOOOOO !!!! ¿¿¿¿En serio????Jjajjajajaj¡ No te puedo creer!!! jajjajjajaja”. O sea, material para el h… vitalicio.

Con suerte podrás aspirar a que el fulanito sea bien criado y adopte lo de “un caballero no tiene memoria” (y seguramente una dama –sobria- como tú tampoco). Pero, difícil.

O sea, en LA oportunidad que tenías de lucirte, tal como yo esa vez con mi jefe, pues, “prueba no superada, next”. Y el pavo real elegido, no fuiste tú.

Tú tenías quizá plumas más lindas, pero cuando tuviste la oportunidad, a ti, la pava, se te quedaron las plumas pegadas. Lo cual en la práctica significó, no despliegue. Y eso era lo que importaba. No sacas nada diciendo, “oye pero si mira”. Ya no hay oportunidad. Ya el galán se fue lejos, solo o con otra. YA NO FUE. PERDISTE.

Cuando sí todos los astros se confabulan, pasa lo que le pasó a la desempleada de Inglaterra o al vendedor de celulares… Gente que es tan talentosa en lo suyo como quizá tú o como yo en lo nuestro, pero que ante el momento y lugar, la supo hacer. Bravo, bien merecido se tienen sus premios. No sólo por talentosos, sino por poder hacer que el talento anule a los nervios y a la eventual torpeza que éstos podrían provocar.

Yo en cambio, cuando tengo la oportunidad –que la espero, la busco, la preparo, etc- . Hago todo lo que puedo para evitar meter la pata. Pero, la meto. Y a tal nivel, que le quito el cetro a la Bridget Jones o a la Carry Bradshow. O sea, me gano el premio a la reina de Murphylandia.

No hay caso, frente a algo MUY MUY MUY MUY importante para mí, lo hago mal. Me pongo tonta. Como con algún o algunos él, cuya lista debe ser extensa. Como con ese jefe de 2006. Como con tantas cosas…

Y eso me ha estado pasando en las últimas semanas con una situaición que en verdad me importa mucho. Lo hice bien al principio, pero el tema me está generando un gran nivel de angustia… Que creo que hago puras tonteras. Y me doy cuenta tarde. Mal. Hoy me dio tanta tanta pena darme cuenta de eso.

Sentí que todo lo que más me importa en la vida está destinado a acercarse, como tantas veces… Como con alguien o algo, que viene, se acerca, falta casi nada para que llegue, casi casi… Pero al final, no. Al final siempre es NO.

¿Murphy descansará de mí alguna vez, y se modificará la curva de la tendencia?
Veremos.

jeudi, juillet 04, 2013

Rock star a los 40


Un Rock Star cualquiera: Imagen de este post muy interesante.    

La Visión

Y así puede que una noche salgas de tu casa como siempre, como en el último año, o década, donde has evolucionado en el arte de ser ese alguien que ya no sueña con volar, sino con llegar tranquilo a fin de mes...

O si tienes más suerte, con tener una familia armónica, un auto del año y una casa en la playa. 

Pero ese día te sueltas la corbata... estás solo y tienes ganas de música.

Entonces vas a un bar de esos que hay muchos, pero que no vas hace años, o hace tiempo, o que vas pero no así, libre, porque en general te da sueño, porque hay que trabajar al otro día o ir al supermercado, o por las responsabilidades, o porque qué se yo...

No importa, ese día vas porque quedaste con unos amigos, quizá ni tan amigos, pero quedaste y fuiste...

Y vas solo, y ahí están, y de repente lo que haces para vivir ya no tiene ninguna importancia en la conversación que comienza a llenar el ambiente. Y todo empieza a encajar, a fluir fácil entre miradas y risas que inundan la mesa, y te das cuenta que la buena onda que aparece tiene que ver con cosas distintas a los números azules. Y que te gusta eso.

El ruido, los cigarros quizá y los tragos envuelven todo, el alma está calientita y aunque hace frío te da calor.

Y entonces ves la banda que está ahí en frente, ya le habías echado un ojo medio escurridizo cuando llegaste, pero ahora, con esa soltura que da la noche y el vino, la ves directo, y recuerdas la guitarra esa que tocabas en la Universidad (¿Dónde estará?, te preguntas evocando algún que otro carrete de entonces, en los 90 tal vez.. ).  

En ese momento, desde el fondo de ti, renace de la nada, con una fuerza incontenible como la lava de un volcán, ese recuerdo del colegio cuando querías ser rockero... Y ahí algo te pasa, y no sabes cómo ni por qué pero ese miedo atávico te abandona y te das valor y te dices "y qué tanto" y vas y pides permiso para tocar... Y obtienes un sí.

Un escalofrío raro te corre por toda la espalada cuando tomas la guitarra. La agarras suave pero firme, como si fuera la mujer esa que soñaste mil veces, pero a la que también dejaste de soñar hace tanto, por ser una utopía y ya no querer sufrir por lo imposible.

Afinas esto aquí y esto allá, te coordinas con el resto del grupo y entonces, de quién sabe dónde, comienza a emerger de tus dedos, de una manera desconocida o perdida en la noche de los tiempos de tu vida, una melodía celestial... Te elevas, el mundo se paraliza y sólo mantiene un foco en ti, tocando ahí... Estás en el paraíso. 

Todo se hace mágico como cuando Johnny toca Amorous. Tu corazón comienza a latir de esa forma que sólo late cuando la sangre en verdad hierve por todo el cuerpo. La felicidad te sobrepasa a raudales...

Sientes que eres un Dios, que puedes hacerlo todo… Te vuelves otro... Ese otro que te hubiera gustado ser.

La otra verdad
Imagen de Google Images

Pero en realidad, ese eres tú. Quizá el verdadero tú. Es raro, pero así es. Ese tú del escenario puede prenderse ahí, y luego apagarse el resto del tiempo para ser un ciudadano "normal", que se levanta a trabajar en las mañanas durante varias horas...


Yo me entrené en eso por años, en apagarme. Me dije que lo de ser rockero no era la norma, que yo no era como Cerati, ni la Marie Curie, ni Kundera, ni Polanski o Benedetti, ni la Marilyn ni un artista del Cirque du Soleil (rockeros todos). No, con la vida me convencí que yo no era así.

Soñé con ser como ellos toda mi infancia y hasta parte de mi adolescencia, como la mayoría de nosotros, supongo. Al decir "soñar con ser un rock star" me refiero a soñar con ser alguien que potencia todo su ser y le regala eso a la humanidad, la que lo reconoce, lo valora y lo acoge, y con suerte también lo difunde.

Pero la vida se impone, o uno la deja imponerse, no sé bien, y yo me hice alguien promedio que se dijo que esos planes, para un adulto como yo, no eran adecuados, ni sensatos, ni centrados. Yo no era una Quijote, ni perdí la razón, era sólo una mujer de a pie que debía ganarse la vida, de alguna manera.

Así logré apagarme y comportarme, en general. Me resultó desde los 25 en adelante. Pero no siempre…

A veces mi rockera del alma se escapaba. Eso duraba hasta que la encerraba de nuevo y yo volvía al piloto automático. Pero eso tuvo un giro hace poco. Y todo, inospechadamente, ha cambiado tremendamente desde entonces.

En un bar


Nunca imaginé lo que pasaría, ni que esta canción de “Tango with lions”, homónima al subtítulo de esta sección, pudiera tener el ritmo preciso para este relato y además describir, como una esperanza, una situación parecida a lo que yo sí viví…

Yo no iba ir ese viernes. Era un lugar muy ruidoso y hacía frío esa noche de otoño. Pero un poco por esto y lo otro, fui. A mi lado, inesperadamente, surgió una conversación al oído que mezclaba, honrando la teoría del caos, temas absolutamente disímiles como la Masonería, una acción de arte con un regalo japonés, los hackers, las abejas, la música, el Valle del Elqui, California y los Toltecas, entre otros. Donde todo de un modo inexplicable se acomodaba grácilmente, como el agua en una jarra.

Y así, de a poco, transportada por una voz suave y ojos brillantes como farolas de fuego, me fui elevando mágicamente... Volaba, llena de sensaciones que no sé si alguna vez tuve antes.... Así, en un momento, el mundo entero desapareció, salvo nosotros, igual que en las películas... Igual. Parecía un sueño...

A la mañana siguiente supe que en realidad sí sucedió, y decanté varias de las visiones que tuve, y pude evaluar de una manera distinta muchas cosas de mi vida… Y así, extrañamente, todo aquello que me era tan confuso, de un día  para  otro, fue claro y certero. 

Durante todo ese día yo estaba como alucinada, no salía de la sensación que tiene Amelia en la escena de "las mil fuentes" de "La Terminal" donde su cara lo dice todo, o sea "No puedo creer que esto me esté pasando justo a mí"...

En ese momento todo era mágico, "un niente ma, bellisimo" pero con el pasar de las horas, y luego de los los días, yo anhelé tanto tanto un después. Y en virtud de los acontecimientos venideros mis esperanzas crecieron... Pero entonces, por alguna razón que quisiera que desapareciera, pusiste una pausa larga y distancia...


Place de La République


Tomamos tres vinos y un café. Hoy los pasos me llevaron a uno de esos lugares.... Y me imaginé donde estarías... y todo lo que pudo ser pero que no fue y parece que no será, al menos por ahora... Y me puse un poco triste como la niña del video cuando habla de La Place de la République....

Me hubiera encantado que ese instante mágico se perpetuara tipo la serie de films que se inician con "Antes del Amanecer". Pero sé que es difícil tener tanta suerte y me quedé con que al menos yo sí tuve una noche de película en la vida.

Es decir, de todas maneras siento que fui privilegiada por haber tenido esos momentos contigo y tantas epifanías también. Esa serendipia fue un regalo de la vida, el cual jamás creí posible que se diera y menos que me podía ocurrir a mí, y de ese modo tan bonito. (Y que se repitió dos veces -¿Cuántas veces te encuentras así en la calle, en el centro de Santiago?.¿Tú, que crees que todo es por algo, que te dicen esas coincidencias fortuitas?).

En fin. Siento que las palabras de esa noche tan especial, unidas a algunas que aparecieron a posteriori, cambiaron el rumbo de muchas de mis acciones… Todavía las cartas no están totalmente echadas, porque estoy en un proceso de revisión y reflexión, pero ahora con un prisma muy distinto.

El prisma que da el tener un pasado que te permite hacer un recuento con sabiduría, y que gracias a eso que me pasó, me cambió el punto de observación, ergo, la perspectiva. Ahora, desde esta nueva posición, evidencié que, asombrosamente, tengo herramientas para convertirme en una rock star funcional, y a los 40, en el escenario que tengo, o que pueda construir. 

Esa sensación me parece wow, es un motor poderoso que yo había anulado.... Hablo de eso de sentir que de verdad puedes ser el capitán de tu propia vida, elegir tu rumbo y tu manera de navegar, y que además puedas recién comenzar ese emprendimiento a los 40 años.

Ahora, esto de adentrarse en componer e interpretar tu partitura, a estas alturas y sin entrenamiento focalizado previo, no es poco y no es fácil. Pero, quizá, gracias, en parte, supongo, a la Acupuntura del año pasado que me quitó en gran medida mi eterno cansancio, y que me dio energía, sé que voy a encontrar un modo de canalizarla para producir algo propio. En eso ando… 

Me cuesta, me da miedo y me equivoco a cada rato, pero ahora tengo ganas de seguir. Y frente a la perseverancia unida a un diseño factible, siento que no hay obstáculo suficiente para abortar misión.

Estoy ahí, en ese camino en que ya recolectaste y tienes que deshacerte de la la maleza y con lo que queda hacer algo bueno. Si ese camino logra llegar al fondo del alma, creo que es viable que desde ahí surja algo mío, positivo y sustentable que te haga pensar que todo lo anterior valió la pena sólo para llegar a eso… Como una pieza improvisada de saxo, de esas que te calan y perduran para siempre...



**La Teoría del Caos da cuenta que todo la que parece que no tiene sentido se alínea de una manera coherente, al margen que el resultado sea positivo o negativo, hay una escena de la peli "El curioso caso de Benjamin Button" que la explica magistralmente en 3 minutos... donde al final uno se queda "si tan sólo alguno de los factores no hubiera ocurrido... la historia sería otra", aquí.
** *Primer post publicado con 40 años, que cumplí, muy a mi pesar, en enero. Más de un año sin venir a este espacio, y ahora escribo casi en la mitad de la vida, pero de una manera extraña, con nuevos aires.






lundi, juin 25, 2012

El otro cepillo de dientes

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“Prólogo” y “Epílogo” son, respectivamente, los nombres de estas dos bellas esculturas de Nicanor Plaza, que vi en la expo del Bellas Artes, el domingo. Y me parecieron taaaaaaaaaaan elocuentes.

En la primera, en “El Prólogo”, él la busca y ella lo permite, pero hasta por ahí … En la segunda, en “El Epílogo”, en cambio, él definitivamente mira lejos, tiene la pierna presta a levantarse, y un cuchillo en la mano, quizá para liberarse de lo que sea… Y ella, desde abajo, lo retiene a penas, suplicante….

Me pasaron tantas cosas en la guata cuando vi esto.  La elipsis del proceso (que se podría ilustrar con “El Beso” de Mr. Rodin) es tan extraordinariamente gráfico…

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Miraba esas esculturas y recordé los versos de Neruda “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”… Y me pregunté ¿Cuánto dura el prólogo, cuándo termina el epílogo?…

Y entonces se me ocurrió que un indicador contemporáneo es el otro cepillo de dientes.

Claro, un día604488-dos-cepillos-de-dientes-de-color-azul-en-una-taza-azul-sobre-fondo-blanco, así como de repente, cuando te levantas, hay un segundo cepillo de dientes en tu baño. “Hoy hay otro cepillo”, piensas. Y sonríes mientras te lavas.

Y cuando llega la noche, y ya vas a acostarte, entras al baño y lo ves de nuevo.  Y piensas “todavía hay otro cepillo” , y sonríes otra vez.

Y entonces pasa el tiempo, y el segundo cepillo se va quedando, quedando…  Su presencia, despacito, se hizo tan cotidiana  que ya no te fijas mucho en él…

Hasta que pasa que una mañana, cuando te levantas y vas a lavarte los dientes, vuelves a ver al otro cepillo. Sigue ahí, como antes, pero en verdad todo es distinto ese día, porque sabes que nadie lo va a usar…

Miras el cepillo, como si su presencia o ausencia fuera una evidencia infalible del estado de las cosas… Y no te atreves a hacer nada, lo dejas en su lugar…  “Por si acaso”, piensas. Pero esa mañana, mientras te lavas, ya no sonríes.

Y entonces pasa otra mañana y otra y otra, y el cepillo sigue ahí, sin uso. Y, de a poco, la silenciosa presencia del otro cepillo va creciendo, se va haciendo cada vez más notoria… Hasta hacerse inmensa, y casi insoportable, entonces, lo tomas y lo cambias de lugar.

No lo botas todavía, porque aún en el aire palpita un “por si acaso”, que no sabes de adónde viene, pero ahí está… Así que conservas el otro cepillo, pero donde no lo veas.

En el primer tiempo, lo ves aunque no lo miras, lo espías de reojo, e incluso en momentos lo tomas y lo vuelves a poner en su sitio… pero al rato lo vuelves a sacar… y lo vuelves a esconder…

Pero un día te aguantas y no lo sacas de su escondite, ni otro, ni otro. Y ahí se queda un tiempo, que se alarga, hasta que se te olvida. Y un día, sin querer, quizá ordenando o limpiando, lo ves. Entonces lo tomas, lo botas y… sonríes otra vez.

La duración de “El Prólogo”, “El Beso” y el “Epílogo” puede que se se resuman, entonces, en la aparición, permanencia y ausencia del otro cepillo en tu baño.

¿Cuánto tiempo debe ser eso? Quizá hasta que sepas, así de adentro, si tiene o no sentido dejar espacio aùn a un “por si acaso”… Y a veces, muchas veces, tan sólo una palabra puede clarificar, y así hacer todo el cambio….

Pd- Las fuentes de las fotos están linkeadas en ellas.